La situación en la élite del peso crucero se ha vuelto extremadamente enredada, entre negociaciones, intereses contrapuestos, maniobras políticas y sorprendentes decisiones federativas. Un caos que involucra a varias figuras importantes de la división, entre ellas Jai Opetaia y David Benavidez, y cuyos desenlaces siguen siendo inciertos. En este artículo intentaremos aclarar la secuencia de acontecimientos ocurridos durante los últimos días.
El primero en mover ficha fue Turki Alalshikh, el famoso dirigente saudí que está teniendo un enorme impacto en el mundo del boxeo gracias a la inyección de recursos económicos prácticamente ilimitados. Alalshikh exploró la posibilidad de organizar una pelea entre Jai Opetaia y David Benavidez, considerados por muchos los dos mejores exponentes del peso crucero, para determinar al número uno de la división.
Benavidez rechazó la propuesta. El estadounidense ya había dejado entrever su escaso interés en enfrentarse a Opetaia después de destruir a Gilberto Ramírez y apoderarse de los títulos mundiales WBA y WBO de las 200 libras. Según él, el hecho de que el púgil australiano haya sido despojado de su título IBF y que actualmente solo pueda ofrecer el recién creado cinturón de Zuffa, considerado poco más que un juguete por muchos expertos, hace que la pelea resulte poco atractiva.
En ese momento, Opetaia inició negociaciones con el actual campeón mundial WBC, el armenio Norair Mikaeljan, quien conquistó el cinturón en diciembre gracias a una victoria por puntos sobre Badou Jack. Sin embargo, Benavidez decidió interponerse en esos planes y presentó una solicitud formal ante la WBC para ser designado como el próximo rival obligatorio de Mikaeljan.
Al ser ya campeón de otras dos organizaciones, Benavidez no figura en las clasificaciones mundiales del peso crucero de la WBC. No obstante, el artículo 3.7 del reglamento de la organización presidida por Mauricio Sulaiman contempla la posibilidad de designar como retador obligatorio a un boxeador que posea títulos mundiales de otras entidades reconocidas por la WBC.
La solicitud de Benavidez fue aceptada. Si Mikaeljan se negara a enfrentarlo y firmara un contrato para pelear contra Opetaia, podría ser despojado de su título WBC. Cabe destacar que imponer una unificación de títulos desde arriba es una medida muy poco habitual, aunque esté formalmente contemplada por las reglas. Inevitablemente, muchos sospechan que la decisión de la WBC fue tomada principalmente para perjudicar a Zuffa Boxing.
La decisión de firmar con la organización dirigida por Dana White ya obligó a Jai Opetaia a renunciar a su cinturón mundial IBF. Ahora también podría costarle la oportunidad de conquistar el título WBC. Muchos observadores tienen la impresión de que los organismos tradicionales, acorralados por la amenaza del proyecto Zuffa Boxing, que pretende hacerlos desaparecer o al menos volverlos irrelevantes, están contraatacando para que los púgiles contratados por White queden fuera de las oportunidades más importantes.
Para hacer la situación aún más complicada y, en cierto modo, divertida, hay que añadir que Norair Mikaeljan está actualmente representado por el eterno Don King, que a sus 94 años sigue dispuesto a amenazar con acciones legales cada vez que sus intereses se ven perjudicados. Una demanda contra la WBC, en caso de que su boxeador sea despojado del cinturón mundial, no sorprendería a nadie.
