El regreso al ring de un irreconocible Errol Spence Jr. (28-2-0, 22 KO), exactamente tres años después de la durísima derrota sufrida ante Terence Crawford, parece haber convencido al excampeón unificado del peso welter de abandonar definitivamente los cuadriláteros. El combate de regreso de Errol, disputado (de manera muy poco acertada) en el peso medio para la ocasión, terminó con una derrota por decisión unánime ante Tim Tszyu. Los tres jueces premiaron al boxeador australiano con las siguientes puntuaciones: 118-110, 117-111 y 117-111.
Spence pareció la sombra del boxeador que fue en el pasado: descoordinado, poco reactivo, intimidado por el avance constante de Tim e incapaz de frenar su presión. La trayectoria descendente de Errol, iniciada en una noche trágica en la que el púgil estuvo cerca de perder la vida debido a un terrible accidente automovilístico y continuada con la devastadora derrota sufrida ante Crawford en 2023, pareció alcanzar anoche su punto culminante, con una actuación muy alejada de los estándares a los que Spence había acostumbrado a los aficionados. La decisión —en opinión de quien escribe, totalmente temeraria y carente de sentido— de subir al peso medio después de toda una carrera en el welter y tras 36 meses de inactividad no hizo más que aumentar aún más e innecesariamente el nivel de dificultad de un regreso que ya sobre el papel parecía extremadamente complicado.
Al otro lado del cuadrilátero, Tim Tszyu (28-3, 18 KO), excampeón del peso superwelter e hijo del célebre Kostya Tszyu, buscaba reivindicarse y relanzar su nombre después de las durísimas derrotas sufridas contra Sebastian Fundora y Bakhram Murtazaliev, además de una posterior serie de combates de escaso atractivo.
Desde la campana inicial, Tim salió hacia adelante “a la caza” de Spence, y quien en otro tiempo había sido el depredador por excelencia se encontró de repente obligado a actuar como la “presa”, dejando al descubierto todas sus dificultades actuales.
En el primer asalto, Tszyu encontró un hueco entre la guardia del estadounidense con un corto derechazo, seguido poco después por un uppercut que encontró a Spence completamente desequilibrado. Errol, acostumbrado a buscar la corta distancia para trabajar al cuerpo y desgastar a sus rivales, se encontró literalmente en el papel de muchos de sus antiguos oponentes, luchando desesperadamente por frenar el avance continuo e impetuoso del australiano.
Desde su guardia zurda, Spence intentó trabajar con el jab y con la izquierda recta al cuerpo y al rostro, pero sus golpes parecieron carecer de potencia y, por tanto, tuvieron poca efectividad. A pesar del buen trabajo al cuerpo del estadounidense, Tszyu transmitió constantemente una mayor sensación de peligro, y cada derecha del australiano hacía retroceder la cabeza del desafortunado Spence, evidenciando la diferencia de impacto entre los golpes de ambos.
Errol siempre tuvo cierta tendencia a quedarse en la distancia corta después de lanzar sus golpes, pero lo que resultó aún más evidente durante el combate fue su incapacidad para recuperar la posición. El antiguo “Boogey Man”, durante años el gran temor de toda una división, fue encontrado en varias ocasiones con un equilibrio precario, descompuesto, con la guardia baja y con la mirada de un boxeador consciente de que ya no genera el mismo temor que antes.
No faltaron buenos golpes conectados por el estadounidense, especialmente con su izquierda recta, pero al pensar en la continuidad ofensiva con la que solía demoler a sus rivales, resultó sencillo comprobar el evidente declive. Además, Errol se mostró incapaz de aprovechar su mayor alcance así como algunas de las carencias de Tszyu, expuestas claramente por Fundora y Murtazaliev: una mandíbula que no es precisamente de granito, pero sobre todo una defensa poco hermética y la tendencia a combatir siempre de frente al rival.
En la segunda mitad del combate, la mayor frescura física y el tamaño corporal de Tszyu comenzaron a imponerse. El australiano empezó a contragolpear con eficacia a Spence, conectando repetidamente con el gancho izquierdo y con la derecha recta de encuentro.
Perseguido sin descanso por Tszyu, Errol intentó refugiarse constantemente en los amarres, logrando así recuperar parcialmente el aliento y cortar el ritmo ofensivo de su rival. Sin embargo, en los últimos asaltos, la producción ofensiva de Spence disminuyó claramente, permitiendo que Tszyu ampliara su ventaja en las tarjetas de los jueces.
Al finalizar los doce asaltos, el veredicto no hizo más que confirmar lo visto sobre el ring: una superioridad que nunca estuvo realmente en discusión, decretando la victoria de Tszyu por decisión unánime.
Tras conocerse el resultado, Errol Spence Jr. anunció oficialmente su decisión de poner punto final a su carrera deportiva:
“Fue un buen combate. Felicidades a Tim, hizo una gran actuación. Esta pelea me dio muchas respuestas sobre mí mismo. Ahora es el momento de volver a casa, estar con mi familia y comenzar una nueva etapa de mi vida. Le doy gracias a Dios por poder dejar este deporte con salud y con mis seres queridos a mi lado.”
Con el retiro de Errol Spence Jr. y el igualmente reciente de Bud Crawford, se cierra prácticamente un ciclo: el de los grandes pesos welter que protagonizaron y hicieron famosa la división durante los últimos 20 años. Basta pensar en los dos mencionados anteriormente, además de Keith Thurman, Shawn Porter y Danny Garcia, boxeadores capaces de ofrecer combates de altísimo nivel.
Tim Tszyu, por su parte, analizó su actuación destacando el valor del rival al que enfrentó y aclarando sus intenciones respecto a su futuro en el peso medio:
“El peso medio representa mi nueva categoría y me siento muy fuerte. Pasé noches sin dormir pensando en la responsabilidad de enfrentar a una leyenda como Spence. Ahora entiendo aún mejor por qué fue uno de los mejores boxeadores de su época.”
