Una de las negociaciones más largas y agotadoras de la historia del boxeo llegó finalmente a su fin ayer, cuando se hizo oficial el combate entre Anthony Joshua y Tyson Fury. Ambos se enfrentarán en Cardiff, Gales, el 11 de diciembre y, contra todo pronóstico, también habrá un título mundial en juego: el cinturón de la WBA, que la organización ha decidido poner en disputa mediante una decisión muy cuestionable.
Uno de los motivos por los que la espera se prolongó tanto fue la dura disputa sobre la sede en la que debía celebrarse el evento. Dana White presionaba para que tuviera lugar en Nueva York, una opción que, según las informaciones que han trascendido, también agradaba a la plataforma que retransmitirá el combate, es decir, Netflix. Eddie Hearn y Anthony Joshua, sin embargo, mantenían una postura opuesta y estaban decididos a hacer respetar el acuerdo preliminar firmado, en el que se indicaba expresamente que el Reino Unido sería el país en el que se celebraría el enfrentamiento.
Hearn parecía estar casi convencido de aceptar la voluntad de los principales financiadores del evento, empezando por el controvertido dirigente saudí Turki Alalshikh, pero al parecer AJ se mostró inflexible y pidió a su promotor que hiciera saltar toda la operación si a los aficionados británicos se les negaba la posibilidad de presenciar en directo el tan esperado duelo entre dos estrellas del boxeo británico.
Ambos púgiles parecen encontrarse en el tramo final de sus carreras, al menos a juzgar por sus últimas actuaciones. Joshua cayó a la lona en dos ocasiones ante el modesto albanés Kristian Prenga antes de imponerse por KO en el asalto siguiente, mientras que Fury necesitó nada menos que siete asaltos para superar al polaco Mariusz Wach, de 46 años, mostrando un estado de forma bastante decepcionante.
A pesar de ello, las ganas de presenciar el enfrentamiento siguen siendo muy altas en el Reino Unido y todo apunta a que el Principality Stadium será tomado en diciembre por una multitud enorme de aficionados deseosos de ver a sus ídolos gastar algunos de los últimos cartuchos de sus carreras.
La WBA se ha encargado de aumentar todavía más lo que está en juego y, como de costumbre, lo ha hecho tomando una decisión muy discutible: su título de “Supercampeón Mundial” será otorgado al vencedor del combate. Dicho reconocimiento pertenecía anteriormente a Oleksandr Usyk, antes de que este decidiera dejar vacantes todos sus cinturones. Posteriormente, el poseedor del título “Regular”, Murat Gassiev, quedó como único campeón de la WBA, por lo que expertos y analistas consideraron lógico interpretar la situación como una elevación del ruso al rango de campeón oficial de la organización.
Ahora, en cambio, Gassiev volverá a ser un campeón “de segundo nivel”, superado en la jerarquía por dos boxeadores que, pese a contar con un pasado glorioso, no han hecho nada en tiempos recientes que justifique la concesión de un cinturón mundial de primer nivel.
Parece totalmente evidente que la WBA ha actuado de esta manera por motivos exclusivamente económicos. Al poner su título en juego, la federación presidida por Gilberto Mendoza podrá percibir un porcentaje de las bolsas de los dos protagonistas, que se prevé serán muy elevadas. Desde el punto de vista deportivo, sin embargo, se trata de una decisión absolutamente lamentable.
