El combate entre Deontay Wilder y Derek Chisora tuvo absolutamente de todo. Doce asaltos locos, caóticos, llenos de giros y cambios de rumbo, hasta el punto de que, en comparación, los guiones de las películas de boxeo parecen planos y sin intensidad. Al final, Wilder se llevó la victoria, declarado ganador por dos jueces con puntuaciones de 115–111 y 115–113. El tercer juez, en cambio, vio ganar a Chisora por 112–115, motivo por el cual el veredicto fue una decisión dividida. El “Bronze Bomber” puede así seguir soñando con una nueva oportunidad mundialista.
Los roles de ambos púgiles fueron los esperados en la previa: Chisora ocupó el centro del ring y trató de imponer presión para forzar la corta distancia y hacer valer su mayor tonelaje, mientras que Wilder actuó al contragolpe, buscando sorprender a su rival con sus venenosos derechazos.
Un primer asalto bastante equilibrado terminó con el primer momento insólito de la noche: durante un clinch, ambos boxeadores continuaron golpeándose en la nuca ignorando los gritos del árbitro y acabaron apoyados sobre las cuerdas, a punto de caer fuera del ring. En ese momento, un miembro del equipo de Chisora subió imprudentemente al cuadrilátero para separarlos, una acción que pudo haberle costado la descalificación al británico.
Al inicio del segundo asalto, los golpes de Wilder comenzaron a surtir efecto: Chisora se tambaleó tras recibir un derechazo y tuvo que resistir la ofensiva posterior del Bronze Bomber. El inglés logró aguantar el temporal, recuperar la claridad y cerrar bien el asalto.
El momento favorable de Wilder continuó en el tercer asalto, también condicionado por un problema en el ojo de Chisora. Este último, de forma ingenua, se detuvo a hablar con el árbitro y fue inmediatamente castigado por el estadounidense, que siguió golpeando al no haberse decretado ninguna pausa.
Justo cuando el combate parecía ponerse cuesta arriba para el ídolo local, Chisora sacó las garras en el último minuto del cuarto asalto, conectando varios de sus característicos ganchos cargados al máximo de potencia. Golpes amplísimos pero efectivos, que obligaron a Wilder a retroceder precipitadamente y a recurrir al clinch.
El efecto de esos golpes se hizo notar en la mente del estadounidense, que se mostró indeciso en los minutos siguientes, antes de aumentar nuevamente el ritmo en el sexto asalto. En general, Wilder se veía mejor cuando mantenía un alto volumen de golpes, frenando el avance de Chisora con fuego de contención, mientras que sufría cuando bajaba el ritmo.
El octavo asalto fue sin duda el más increíble del combate y uno de los más asombrosos de la historia reciente del boxeo. Chisora sacudió a Wilder con un gran golpe y se lanzó al ataque para aprovechar la situación, pero terminó chocando con un auténtico misil que lo dejó aturdido. El inglés retrocedió hacia las cuerdas y acabó saliendo del ring tras una nueva ráfaga de golpes.
El ídolo local logró levantarse a tiempo y además disfrutó de unos segundos extra de descanso porque Wilder, exhausto y en trance competitivo, permaneció durante un buen rato en la esquina neutral pese a las indicaciones del árbitro para reanudar la acción. Cuando volvió al ataque, Chisora, en un torpe intento de esquiva, volvió a caer fuera de las cuerdas.
En ese punto, el árbitro cometió un error grave al restarle un punto a Wilder por un supuesto empujón que, francamente, no parece haber existido. Y como colofón, Chisora conectó un espectacular gancho de izquierda justo antes de la campana, cerrando lo que podría ser el asalto del año 2026.
Ambos boxeadores, visiblemente agotados, continuaron intercambiando golpes con determinación en los asaltos siguientes, con Wilder aparentemente más lúcido y reactivo. Luego, en el undécimo asalto, volvió el caos absoluto.
Presionado por su rival, Chisora se apoyó en las cuerdas y fue alcanzado por un izquierdazo de Wilder justo después de que el árbitro gritara “stop boxing”. El golpe lo empujó fuera de las cuerdas, sin derribarlo, y el árbitro decidió iniciar la cuenta. Poco después, al esquivar un derechazo de Chisora, Wilder perdió el equilibrio y cayó por sí solo, siendo erróneamente contado también.
Los ataques finales de Chisora en el último asalto fueron tan valientes como conmovedores, suficientes para adjudicarse el round pero no el combate. Personalmente, al término de la pelea tenía a Wilder con dos puntos de ventaja, por lo que considero que ganó el justo vencedor.
Un combate tan rocambolesco, al límite de lo surrealista, puede interpretarse desde dos perspectivas distintas pero no incompatibles. Desde el punto de vista técnico, es justo señalar que el nivel mostrado estuvo muy lejos de la élite de la categoría, que tanto Wilder como Chisora están lejos de su mejor versión y que muchos pesos pesados de primer nivel vencerían con facilidad a cualquiera de los dos.
Por otro lado, también hay que reconocer que el espectáculo ofrecido, pese a sus imperfecciones, fue emocionante, entretenido y cautivador. Ninguno de los espectadores presentes en la O2 Arena lamentará el dinero gastado en su entrada, y queda claro que la magia del boxeo no reside solo en la perfección estilística de púgiles como Sugar Ray Robinson o Willie Pep, sino también en guerras sin cuartel como esta. Porque el boxeo es arte, pero también es emoción, adrenalina y furia competitiva. Y esta noche, Deontay Wilder y Derek Chisora nos mantuvieron pegados a la pantalla.
