Raymond Muratalla vence con mérito a un decepcionante Andy Cruz

PorMario Salomone

Ene 25, 2026 #Andy Cruz, #IBF

No siempre un gran exponente del boxeo amateur logra confirmarse también en el profesionalismo. El cubano Andy Cruz, que en combates a tres asaltos parecía prácticamente invencible y dejaba al público boquiabierto con su clase, decepcionó en su primera oportunidad mundial como profesional, al caer por puntos ante el campeón mundial IBF del peso ligero Raymond Muratalla. El combate estelar de la velada organizada por Matchroom Boxing de Eddie Hearn en el Hotel Fontainebleau de Las Vegas terminó con una decisión mayoritaria a favor del campeón. Las tarjetas de los jueces fueron: 118–110, 116–112 y 114–114.

En la previa habíamos pronosticado que los primeros asaltos probablemente serían favorables a Andy Cruz, gracias a su mayor velocidad de manos y su timing, factores que con las energías intactas debían marcar la diferencia. Nos equivocamos.

El arranque de Muratalla fue tácticamente perfecto y colocó de inmediato al estadounidense en el camino correcto para asumir el control del combate. Desde el inicio, el campeón aplicó una presión muy inteligente, obligando a su rival a desplazarse frenéticamente por las cuerdas y a gastar energías valiosas, siempre atento a los contragolpes de Cruz, que evitó con rápidos movimientos hacia atrás.

Tras un primer asalto muy equilibrado, en el que aun así mantuvo la iniciativa, Muratalla brilló en el segundo con dos buenos derechazos consecutivos al rostro que Cruz acusó. En el tercer asalto, el campeón se concentró principalmente en el trabajo al cuerpo, con buenos resultados.

Andy Cruz entró por fin en combate en el cuarto round, cuando pareció recordar de repente que es un boxeador tocado por el talento y mostró algo de la magia que en el amateurismo le permitió conquistar tres oros mundiales y un oro olímpico.

El cubano descolocó a su rival con constantes cambios de guardia, fintas, golpes lanzados desde ángulos imprevisibles y repentinos cambios de dirección. Un boxeo vistoso y creativo que confundió momentáneamente a Muratalla, dificultándole conectar con claridad.

El principal problema de Cruz en este combate, sin embargo, fue la falta de continuidad. Tras dos asaltos excelentes, el retador volvió a mostrarse pasivo, permitiendo a su adversario recuperar el control de las acciones y dándole tiempo y espacio para tomar la iniciativa.

La clase de Cruz volvió a aparecer en el octavo asalto, ganado por el cubano gracias a un uso magistral del jab, pero el round siguiente fue el emblema de la doble naturaleza del ex campeón olímpico: una primera mitad brillante y espectacular, y una segunda mitad apagada e inconclusa.

El retador no volvió a salir de su pasividad. Muratalla conectó los únicos golpes realmente efectivos del décimo asalto y afrontó los dos últimos rounds con mucha más hambre y deseo de victoria que su oponente, que inexplicablemente se comportaba como si ya tuviera el triunfo asegurado.

La sensación de que Cruz había interpretado completamente mal la situación en las tarjetas se confirmó por su actitud tras la campana final, pasando de la celebración inicial a la desesperación y la incredulidad tras el anuncio del vencedor. Resulta evidente que el boxeador nacido en Matanzas aún no ha interiorizado del todo las dinámicas del boxeo profesional, cuyos jueces en la mayoría de los casos privilegian la efectividad por encima de la elegancia.

De las tres tarjetas oficiales, la que mejor refleja lo visto sobre el ring, a juicio de quien escribe, es el 116–112 de Steve Weisfield. El 118–110 fue demasiado severo con el retador, mientras que el 114–114 fue demasiado generoso con Cruz.

Ahora habrá que ver si el ex campeón olímpico sabrá aprender de esta derrota, realizar los ajustes tácticos necesarios y presentarse a su próxima oportunidad titular con un mejor plan de pelea. Mi sensación es que al cubano le falta algo en términos de explosividad y dureza para llegar a ser dominante en el boxeo profesional, pero que con una actitud diferente puede hacerlo mejor de lo que vimos anoche.

Raymond Muratalla, en cambio, merece grandes elogios por haber desmentido las cuotas de los apostadores con una actuación sólida y convincente. El campeón del mundo no se dejó llevar por las ganas de hacer de más, siguió con gran disciplina el plan táctico preparado por su equipo y demostró que las habilidades defensivas mostradas en sus últimas peleas no dependían de la inadecuación de los rivales, sino que pueden resultar eficaces incluso al más alto nivel.

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