Lorusso neutraliza a Santiago en un combate conducido con inteligencia y autoridad

El título Intercontinental IBO del peso supergallo estuvo en juego anoche en el Palasport Fabrizio De Chiara de Cologno Monzese, cerca de Milán, donde el campeón defensor Alessio Lorusso se enfrentó al mexicano Alexandro Santiago. El vencedor fue Lorusso, gracias a una actuación marcada por una gran inteligencia táctica y autoridad. A lo largo de los diez asaltos programados, el italiano controló el combate con sorprendente seguridad, anulando todas las mejores armas de su rival. La decisión unánime de los jueces (96-93, 95-94 y 98-91) no hizo más que confirmar lo visto sobre el ring.

Santiago (30-6-5, 16 KO), un púgil de 30 años formado en la más pura escuela mexicana, es un boxeador que suele permanecer firme sobre sus piernas, buscando constantemente la corta distancia para lanzar breves combinaciones de golpes potentes. Para Lorusso (33-5-2, 10 KO), se trataba de un enfrentamiento estilísticamente favorable, pero sobre todo de un desafío de carácter internacional: el mexicano fue capaz de derrotar en el pasado a Nonito Donaire, aunque ya en el tramo final de su carrera, y también compartió el ring con el gran Junto Nakatani, quien lo derrotó por KO en el sexto asalto.

Al sonar la campana inicial, Santiago ocupó de inmediato el centro del cuadrilátero. Desde guardia ortodoxa comenzó a avanzar constantemente en busca de la corta distancia. Lorusso, con una notable ventaja en altura y alcance, trabajó desde su guardia zurda para mantener a su rival a raya. Su jab de derecha resultó muy efectivo y a menudo lo combinó con el recto de izquierda, conectando repetidamente al mexicano.

Santiago actuó a ráfagas, pero pagó caro cada intento de acortar la distancia, encontrándose con los golpes de contención de Lorusso.

Cómodo desplazándose por el ring, el italiano se mostró confiado desde el primer momento, impulsado por el apoyo del público local. Trabajó bien con el jab y, pese a contar con extremidades más largas, sus golpes parecieron más rápidos y explosivos que los de su adversario.

Al llegar a la mitad del combate, Lorusso tenía el control total de las acciones, aunque Santiago seguía siendo un rival peligroso.

El jab y el recto de izquierda de Lorusso mantuvieron al mexicano en constante alerta, impidiéndole lanzarse al ataque con excesiva agresividad. Sin embargo, en el sexto asalto, un exceso de confianza del italiano le llevó a recibir una larga combinación a dos manos en la corta distancia, aunque el castigo no pareció dejar consecuencias.

Santiago tuvo muchas dificultades para encontrar la distancia adecuada y nunca fue lo suficientemente rápido como para sorprender a su adversario. Lorusso aprovechó a la perfección su ventaja de alcance y su juego de piernas hizo el resto, dificultando que el mexicano conectara con regularidad.

En el octavo asalto, favorecido por un breve bajón del italiano, Santiago comenzó a obtener mejores resultados, conectando varias veces el jab y el gancho de derecha y encontrando con mayor facilidad la distancia corta. Pero justo en su mejor momento fue alcanzado por un recto al cuerpo de Lorusso que lo desequilibró y lo envió a la lona, ayudado también por una posición inestable.

Tras escuchar la cuenta, Santiago se levantó rápidamente y volvió a presionar intensificando su ofensiva. Pero Lorusso, revitalizado por el derribo, recuperó el control de las acciones. Mostró un excelente gancho de izquierda de salida y terminó empujando hacia atrás a su rival, superado por la fortaleza física del italiano.

La ofensiva a dos manos en los instantes finales del noveno asalto fue una nueva demostración de la confianza y de la envidiable condición física y mental con la que Lorusso afrontó el combate. Ya en el décimo y último asalto, el italiano volvió a tomar la iniciativa, primero conectando una izquierda sobre el mexicano y después obligándolo nuevamente a retroceder impulsado por el entusiasmo.

Cuando sonó la campana final, Lorusso levantó los brazos con la certeza de haber enfrentado a un rival peligroso con autoridad y sin el menor temor. Fue una victoria clara e incontestable, confirmada por la decisión unánime de los jueces.

Ahora, para Lorusso, llega el momento de elevar aún más el nivel de oposición, consciente de que posee las cualidades necesarias para aspirar a metas todavía más prestigiosas.

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