Michael Magnesi lo dejó todo sobre el ring, luchando con todas sus fuerzas pese al ambiente hostil del St Mary’s Stadium de Southampton, pero no fue suficiente. El ídolo local Ryan Garner conquistó el Título Mundial Interino WBC del peso superpluma al imponerse por decisión unánime tras doce asaltos de enorme intensidad. Estas fueron las puntuaciones oficiales que determinaron el desenlace del combate estelar de la velada organizada por Queensberry Promotions de Frank Warren: 116-112, 118-110 y 119-109, todas a favor de Garner.
El boxeador británico dejó claras sus intenciones desde el primer sonido de la campana, imponiendo un ritmo vertiginoso y arrinconando repetidamente a Magnesi contra las cuerdas durante los dos primeros asaltos. El italiano no perdió la compostura y respondió intentando conectar sus golpes en los pocos momentos que le permitía la asfixiante presión de Garner, aunque fue claramente superado en volumen de golpeo.
Las oportunidades para Michael fueron más frecuentes en el tercer asalto. Aunque pasó gran parte del tiempo con la espalda contra las cuerdas, encontró el momento adecuado para sorprender a su rival en varias ocasiones mientras los intercambios se sucedían a gran velocidad.
Magnesi lo hizo aún mejor en el cuarto asalto, probablemente el mejor de toda la pelea para él. Aprovechando un descenso momentáneo de la intensidad de Garner, conectó los golpes más limpios e incluso logró por momentos invertir los papeles y obligar a su adversario a retroceder.
Sin embargo, la ilusión de que Garner hubiera agotado su empuje desapareció rápidamente. El favorito local inició el quinto asalto con una durísima derecha y la siguió con una presión constante, aunque algunas de sus acciones parecían por momentos caóticas y desordenadas.
El sexto asalto fue, en cierto modo, el resumen perfecto de todo el combate. Durante la primera mitad, mientras Garner le concedió espacio, Magnesi mostró cosas muy interesantes y demostró que podía competir perfectamente con su rival en el plano técnico. Sin embargo, en la segunda mitad el británico volvió a lanzarse al ataque y a imponer su físico, recuperando nuevamente el control de las acciones.
Por desgracia, las cosas empeoraron para el italiano después de la mitad del combate. Desde el punto de vista táctico pareció perder el rumbo, incapaz de encontrar respuestas al incómodo estilo de su resistente oponente. Garner aprovechó la situación para ampliar su ventaja y alcanzó el punto máximo de su dominio en un durísimo noveno asalto que dejó a Magnesi al borde de la caída.
Michael apretó los dientes y superó valientemente la tormenta sin dejarse arrasar. Incluso logró reaccionar de manera encomiable durante la primera parte del décimo asalto. Sin embargo, el enorme desgaste acumulado frente a un rival que no dejó de avanzar comenzó a pasar factura.
Aunque Garner también estaba claramente fatigado y la intensidad, precisión y contundencia de sus ataques disminuyeron visiblemente en los últimos asaltos, Magnesi ya no tenía suficiente gasolina para aprovecharlo y lanzar un asalto final. El italiano no pudo hacer otra cosa que concluir el combate con dignidad.
No hubo dudas sobre la identidad del vencedor, como reflejó la unanimidad de los jueces, aunque con diferencias significativas en las puntuaciones. Curiosamente, la tarjeta más ajustada a favor de Garner fue la del juez británico Mark Bates, mientras que la diferencia más amplia fue otorgada por el italiano Guido Cavalleri.
Magnesi, que reconoció deportivamente el valor de su rival definiéndolo como un auténtico guerrero del ring ante los micrófonos de DAZN, sale de este desafío con la cabeza bien alta pese a la derrota. El italiano fue arrastrado a una pelea extremadamente exigente que le impidió mostrar sus mejores cualidades, pero demostró tenacidad, fortaleza mental y capacidad de sufrimiento, resistiendo hasta la última campana sin rendirse jamás.
En un país donde tantos campeones de palabra hacen continuamente declaraciones grandilocuentes sin salir nunca de su zona de confort, un boxeador como Michael, dispuesto a ponerse a prueba, aceptar combates difíciles y adentrarse en la guarida del lobo para perseguir un sueño, merece todo nuestro apoyo. Lo merece especialmente después de una derrota, porque podemos estar seguros de que, independientemente del resultado, seguirá honrando siempre y en cualquier lugar nuestros colores.
