Cristobal Lorente y Nathaniel Collins volvieron a enfrentarse, a unos cinco meses de su primer combate, para decidir quién merecía una oportunidad titular. Tras el empate de su anterior duelo—un resultado algo benévolo con el español a juicio de quien escribe—anoche Lorente disipó cualquier duda al imponerse por decisión dividida (esta vez generosa con Collins), con las siguientes tarjetas: 116-111 para Collins y dos veces 115-112 para Lorente.
En la SSE Hydro Arena de Glasgow, Escocia, con un gran ambiente y el apoyo del público local para Collins, Lorente supo encontrar energías mentales y físicas para darle la vuelta a un combate que se le estaba complicando, conquistando el título WBC Silver del peso pluma.
Al sonar la campana inicial fue Collins quien tomó la iniciativa, presionando con cautela, consciente del peligro que representaba Lorente. A pesar de sus estilos opuestos, ambos confirmaron ser boxeadores de nivel muy similar.
Tras un primer asalto de estudio, en el segundo Collins se mostró más reactivo y agresivo, conectando un buen directo de izquierda. El zurdo de Glasgow repitió ese golpe en varias ocasiones, evidenciando cierto nerviosismo y rigidez del español.
En respuesta, Lorente dejó de ser tan pasivo y aumentó su actividad, utilizando con frecuencia el jab y alternándolo con el gancho de izquierda en la corta distancia.
En esta fase el combate fue muy equilibrado, con ambos púgiles moviéndose con cautela y sin asumir demasiados riesgos.
Collins buscó con frecuencia el golpeo al cuerpo, encontrando algunos aciertos, y realizó incursiones en la corta distancia algo desordenadas y poco productivas, mientras que Lorente se limitó a controlar la distancia.
Al inicio del sexto asalto, el español intentó avanzar con rapidez para atacar, pero el escocés reaccionó con velocidad, conectando un jab de derecha que lo envió a la lona. Lorente se levantó de inmediato y volvió a presionar, aunque con poco éxito. Más tarde, en un intercambio en la corta, un exceso de confianza de Collins permitió al español conectar varios golpes.
En las fases caóticas, como ya ocurrió en su primer enfrentamiento, Lorente fue más peligroso. Aunque poco ortodoxo y no muy vistoso, el español mostró una agresividad y dureza que pusieron en serios problemas a Collins.
Una vez recuperada la confianza, Lorente volvió a conectar jabs y rectos, manteniendo al rival a distancia. Tras la caída, el púgil de Barcelona tomó el control del combate, gestionándolo tanto en la corta como en la larga distancia. Además de su gran ritmo de trabajo y combatividad, demostró inteligencia táctica en las distintas fases del combate.
Consciente de la dificultad del momento, Collins intentó aumentar su agresividad, pero con escaso resultado. La producción ofensiva de Lorente fue claramente superior y el local tuvo problemas para contener sus ataques a dos manos. Collins estuvo demasiado inactivo y poco reactivo, incluso en las situaciones que teóricamente le favorecían, como la corta distancia pese a la mayor envergadura del rival.
El escocés mostró una leve mejoría en el décimo asalto, pero sin lograr ser efectivo, debido al buen desplazamiento de Lorente y sus golpes de control. Collins lo intentó todo en el último round, pero el español supo moverse, evitar los ataques y responder con las energías que le quedaban, siendo además más preciso.
El veredicto—quizá demasiado generoso con Collins—premió al mejor púgil de la noche, capaz de superar un momento complicado con carácter y autoridad, y de cambiar el rumbo del combate con determinación.
Ahora, para Cristobal Lorente, se abren las puertas de una oportunidad titular ante el actual campeón del peso pluma, el estadounidense Bruce Carrington.
