Francesco Grandelli lo dio todo, pero nada pudo hacer ante la abrumadora superioridad física de Liam Davies. El púgil inglés lo obligó a rendirse tras seis asaltos de alta intensidad que dejaron huellas evidentes en su rostro. Davies fue así proclamado nuevo campeón europeo del peso pluma, un título que ya había conquistado anteriormente en la categoría supergallo. Para Grandelli, se trata de su tercer intento fallido de conquistar el cinturón EBU.
Desde el cara a cara en el centro del ring, durante las últimas instrucciones del árbitro, quedó patente la diferencia de físico entre ambos boxeadores, con Davies aventajado en altura y alcance, además de mostrarse estructuralmente más imponente que el italiano.
Grandelli trató en el inicio de apoyarse en su habitual movilidad, girando rápidamente alrededor de su rival, pero Davies estaba preparado para esta estrategia y se mostró muy hábil a la hora de cortar el ring, abriéndose camino con su jab izquierdo, utilizado como un pistón.
La peligrosidad del púgil inglés—que parece haber sacado provecho del cambio de categoría—quedó clara cuando conectó su primer derechazo potente: de inmediato apareció un marcado hematoma cerca del pómulo izquierdo de Grandelli, obligado a redoblar esfuerzos para no verse superado.
La diferencia de potencia hacía extremadamente difícil para el italiano encontrar una alternativa táctica distinta a la evasión. Cuando decidía intercambiar en corta distancia, Grandelli lograba conectar golpes aprovechando la defensa no excelsa de su rival, pero sin causar efectos tangibles, pagando luego el esfuerzo con creces.
Tras ganar claramente los tres primeros asaltos, Davies puso un punto de inflexión en el cuarto. Grandelli tuvo que soportar una gran cantidad de golpes duros, especialmente al cuerpo, y cuando intentó reaccionar con valentía fue alcanzado por dos ganchos consecutivos al rostro—uno de derecha y otro de izquierda—que lo enviaron a la lona.
El púgil piamontés no perdió la lucidez y logró limitar los daños al final del asalto y en el siguiente, aunque se vio obligado a permanecer a la defensiva. Luego Davies volvió a subir el ritmo en el sexto asalto, haciendo cada vez más desesperada la resistencia de Grandelli.
El italiano continuó dando lo máximo sin reservarse, pero al sonar la campana estaba exhausto, muy castigado y visiblemente dolorido, por lo que su esquina decidió sabiamente no enviarlo nuevamente al ring para evitarle un castigo aún mayor.
Fue una noche amarga para el púgil italiano de 31 años, que esta vez no logró hacer valer las cualidades que en el pasado le habían permitido competir contra rivales de gran nivel. Los golpes de Davies resultaron demasiado secos, rápidos y contundentes, y además fue muy hábil al alternar ataques al rostro con duros uppers al cuerpo, volviéndose así poco predecible.
El inglés ofreció una actuación superior a lo esperado y parece haber alcanzado la plena madurez boxística. Habrá que ver si esta convincente victoria lo impulsa aún más alto en las clasificaciones mundiales, donde ya figuraba entre los quince primeros en tres organismos antes de este combate.
