Una vez más, Claressa Shields ganó sin discusión. El combate contra Franchon Crews-Dezurn, marcado por la pelea que estalló durante el pesaje, resultó completamente unilateral. La campeona unificada del peso pesado femenino dominó los diez asaltos disputados en el Little Caesars Arena, imponiéndose por decisión unánime con tres tarjetas idénticas de 100–90.
En los días previos, Crews-Dezurn había mostrado una gorra con la palabra “WAR”, la misma que llevó Marvin Hagler antes de su histórica victoria sobre Thomas Hearns, casi como señal de sus intenciones combativas. Y, en efecto, comenzó con una actitud muy agresiva. Sin embargo, lo ocurrido en los primeros segundos del primer asalto demuestra que las buenas intenciones, en el boxeo como en la vida, a veces no son suficientes.
La retadora se lanzó sobre Shields, arrinconándola e intentando conectar golpes potentes. Pero la campeona no se inmutó, esquivó con facilidad la ráfaga y respondió con excelente timing y precisión quirúrgica.
Shields cerró el primer asalto de manera brillante, evidenciando una velocidad de ejecución abismalmente superior a la de su rival. Anticipó constantemente a Crews-Dezurn, conectando combinaciones de tres y cuatro golpes en el tiempo que su oponente tardaba en cargar uno solo.
En el tercer asalto la retadora dio la ilusión de poder meterse en la pelea, pero en el tramo final Shields se desató, protagonizando intercambios intensos a corta distancia de los que salió ilesa.
Poco a poco, Crews-Dezurn tuvo que abandonar sus intenciones guerreras y empezó a retroceder, completamente sin soluciones ante el talento de su rival. Además, pareció no contar con los recursos físicos suficientes para sostener el ritmo impuesto por la campeona, respirando ya con dificultad en los asaltos intermedios.
El sexto round fue el más desigual del combate. Shields sacó las garras, haciendo honor a su apodo de “T-Rex”, y castigó duramente a su adversaria, haciendo pensar que el final antes del límite era posible.
Tras esos dos minutos intensos, Shields bajó el ritmo y en los asaltos siguientes se conformó con mantener el control absoluto, sin buscar con desesperación el nocaut.
Crews-Dezurn encontró fuerzas para una reacción de orgullo solo en el décimo y último asalto, cuando en dos ocasiones llevó a Shields contra las cuerdas y conectó algunos golpes que, por la cercanía, no resultaron especialmente efectivos. En cuanto recuperó el centro del ring, Shields respondió con autoridad, cerrando la pelea con la misma intensidad con la que la había iniciado.
La imagen del abrazo entre ambas tras la campana final fue significativa, sobre todo considerando las escenas desagradables del pesaje, que incluso pudieron haber cancelado el combate. Crews-Dezurn sufrió una leve lesión en el tobillo durante el altercado tras bastidores.
Cada vez resulta más evidente que Claressa Shields no tiene rivales reales en la escena internacional actual. Ha vencido con claridad a todas sus oponentes y su equipo ahora enfrenta el desafío de encontrar un combate cuyo resultado no parezca previsible de antemano.
Las comparaciones entre generaciones son difíciles. Es imposible saber con certeza quién habría ganado entre Shields y Laila Ali en el mejor momento de sus carreras. Sin embargo, en opinión de quien escribe, por todo lo que ha logrado como amateur y profesional, Shields merece plenamente el apelativo de GWOAT (Greatest Woman Of All Time) con el que se presenta desde hace tiempo.
