En defensa de Guido Vianello

Lo que presenciamos el sábado por la noche en el O2 Arena de Londres durante el combate de Guido Vianello puede definirse como un «falso comienzo». En su primera pelea con Queensberry Promotions, «The Gladiator» ofreció una actuación por debajo de las expectativas y no pudo pasar del empate ante el nada irresistible Moses Jolly. Sin embargo, precisamente en este momento de máxima dificultad, mientras recibe una avalancha de críticas por parte de los aficionados, siento la necesidad de dedicar unas palabras en defensa de nuestro representante.

Una pelea gris, pero con circunstancias atenuantes

Partamos de una premisa, quizá obvia pero necesaria: el sábado por la noche Vianello no hizo una buena pelea. A pesar de contar con una ventaja muy significativa en términos de calidad técnica y experiencia, Guido no consiguió impedir que su rival lo arrastrara a una batalla desordenada, sufrió ante su estilo poco ortodoxo, tardó en encontrar las contramedidas adecuadas y durante largos tramos del combate dejó entrever sus inseguridades con una expresión tensa y preocupada. Sin embargo, existen algunas circunstancias atenuantes que es justo tener en cuenta.

A lo largo de los años he entrevistado a grandes campeones y entrenadores de primer nivel, y en más de una ocasión, a través de sus palabras y sus relatos, me he dado cuenta de lo perjudicial que puede resultar para un boxeador comenzar e interrumpir varias veces una preparación mientras el rival cambia continuamente, obligando al equipo a reajustarlo todo, empezar de nuevo desde cero y después volver a detenerse. Cuando finalmente atraviesas las cuerdas y te encuentras bajo los focos, descubres que te falta algo, que tus mejores cualidades tienen dificultades para salir a relucir.

Vianello debía enfrentarse a Jarrell Miller, después a Martin Bakole, luego a David Adeleye y finalmente acabó encontrándose frente a Jolly, de nombre y de hecho. Un boxeador que desde luego no es extraordinario, pero también un desconocido, un misterio, alguien difícil de estudiar y descifrar en apenas dos semanas y que, además, en comparación con la mayoría de los vídeos disponibles sobre él, se presentó en el ring con un aumento significativo de masa muscular, hasta el punto de despertar ciertas sospechas.

Las trampas del «sueño americano»

Pero demos un paso atrás y, antes de emitir juicios tajantes sobre el Vianello actual, intentemos recordar de dónde partió. Lo admito sin rodeos: cuando supe que Guido se convertiría en profesional con Top Rank, no habría apostado ni un euro por él. Tenía muy presentes sus actuaciones como amateur y no me parecía preparado para dar el gran salto. Algunas de las carencias que había observado en él en los Juegos Olímpicos y en otros torneos importantes —desde una postura poco funcional hasta la escasa explosividad de sus golpes— me hacían pensar que al otro lado del océano se lo comerían vivo desde las primeras sesiones de sparring, hasta hacerle desistir.

Muchos solo ven los aspectos positivos del «sueño americano» y, en consecuencia, acusan a Vianello de ser un privilegiado, ignorando las trampas y las durísimas pruebas a las que se ve expuesto un joven de 24 años cuando es catapultado a los gimnasios estadounidenses, donde «nadar o ahogarse» es el mantra habitual para todos. El mítico Paolo Vidoz, que tenía talento de sobra, me lo dijo con toda claridad: «De los dos años que pasé en Estados Unidos, recuerdo sobre todo las batallas que librábamos en el gimnasio. Allí cada entrenamiento era una pelea y tenía que hacerme respetar a base de puñetazos».

Vianello pasó de una situación protegida, en la que estaba mimado y cuidado, directamente al foso de los leones. Se encontró haciendo sparring con un tanque como Joe Joyce, que no deja de avanzar ni aunque le dispares; con un killer como Murat Gassiev, cuyos golpes al cuerpo pueden doblarte de dolor; y con un campeón de la talla de Tyson Fury, capaz de volverte loco con el simple intento de descifrar sus movimientos. Atravesó el fuego y no se rindió, dejando que aquellas pruebas lo curtieran y aprendiendo de ellas para darse una oportunidad en ese mar lleno de tiburones que es el boxeo profesional.

«No está para el top 10»: el gran equívoco de las falsas expectativas

Ante los innegables progresos realizados por nuestro boxeador, algunas de sus sorprendentes actuaciones frente a rivales situados en puestos altos del ranking y el estatus que ha conseguido alcanzar, tanto en términos de bolsas como de clasificación, sus críticos más feroces objetan que todo ello sigue estando muy por debajo de las expectativas que existían sobre él. No llegó al top 10, no consiguió una oportunidad por el título mundial y, por tanto, según ellos, «fracasó».

Pero ¿de dónde proceden esas supuestas expectativas defraudadas? ¿Quién decidió que el objetivo mínimo de Vianello debía ser competir con los mejores del mundo? Es cierto que en ocasiones Guido ha hecho declaraciones ambiciosas, pero eso es absolutamente normal en un deportista profesional. ¡Mal asunto sería que no fuera así! Para sacar lo máximo de sí mismo, un boxeador debe elevar constantemente el listón, aspirar a lo más alto y no conformarse: esa es la única manera de superar sus propios límites, y eso no significa que cualquier resultado que no sea el triunfo absoluto deba considerarse un fracaso.

Si dejamos de lado las palabras y nos centramos en los hechos, observamos que antes de los cuatro combates internacionales disputados por Vianello antes del pasado sábado, Guido partió siempre como no favorito en las apuestas. Sin embargo, ganó dos de esos cuatro combates y, en mi opinión personal, debería haber ganado incluso tres, ya que la derrota por decisión dividida ante Efe Ajagba me pareció bastante discutible. Entonces, ¿cómo se puede decir que no estuvo a la altura de las expectativas?

Un boxeador con virtudes y defectos que merece nuestro apoyo

Guido Vianello no es un fuera de serie. A pesar de los innegables progresos realizados a lo largo de los años, todavía tiene algunas carencias que corregir en determinados aspectos. Prepara su uppercut de derecha de manera demasiado evidente, restándole imprevisibilidad y eficacia; sus ganchos siguen a veces trayectorias demasiado amplias y terminan convirtiéndose en golpes más empujados que contundentes cuando aparece el cansancio; y su trabajo en la corta distancia deja bastante que desear.

Sin embargo, The Gladiator también posee cualidades muy respetables. Su juego de piernas es mejor que el de muchos pesos pesados situados por encima de él en el ranking; su mandíbula es muy sólida, hasta el punto de que Guido nunca ha sido derribado en su carrera profesional pese a haberse enfrentado a un buen número de rivales conocidos por su pegada; y su condición física es de alto nivel. De haber dispuesto de otros dos asaltos, habría hecho pasar muy malos momentos a un excelente atleta como Ajagba, que terminó el combate tremendamente fatigado.

Como no tenemos una bola de cristal, no sabemos hasta dónde llegará nuestro boxeador. A día de hoy es un peso pesado de nivel medio-alto, que brilla frente a determinados estilos y se siente incómodo ante otros, que alterna actuaciones destacables con otras más grises, pero que todavía tiene margen de mejora. Lo que sí sabemos es que Guido no merece algunos de los comentarios que se le han dirigido en internet durante estos días. No merece que lo llamen «malo» o «mediocre», ni mucho menos que lleguen a aconsejarle que se retire.

Vianello podría haberse quedado en su zona de confort y disfrutar de la seguridad de un trabajo fijo, favorecido además por una situación económica familiar bastante acomodada. En cambio, prefirió adentrarse en un terreno minado porque ama pelear y porque es una persona que persigue sus sueños.

Los alcance o no, merece nuestro apoyo.

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