En el Tokyo Dome, tras un inicio muy táctico, Naoya Inoue y Junto Nakatani encendieron la acción y ofrecieron una gran batalla a los aficionados. El mayor derbi japonés de todos los tiempos se resolvió a los puntos, con el triunfo del “Monstruo” por decisión unánime. Inoue retuvo los títulos mundiales WBC, WBA, IBF y WBO del peso supergallo y confirmó su posición de élite en las clasificaciones libra por libra, aunque su rival logró exigirle al máximo. Estas fueron las puntuaciones oficiales, todas a favor del campeón: 116-112, 115-113, 116-112.
En el análisis previo habíamos previsto un inicio lento, señalando que ninguno de los dos tendría incentivos para adoptar un enfoque demasiado agresivo, y los hechos nos dieron la razón. En los tres primeros asaltos, los golpes destacados se podían contar con los dedos de una mano: la tensión era palpable, pero los intercambios intensos tardaban en llegar.
Nakatani, como era lógico, se mantuvo bien protegido tras su guardia zurda, esperando los movimientos del Monstruo y listo para contragolpear. Inoue, sin embargo, no cayó en la trampa: tomó el centro del ring y presionó con cautela, soltando sus golpes solo cuando se sentía bien posicionado.
El ritmo aumentó ligeramente en el cuarto asalto, pero los fuegos artificiales aún no aparecían. Aun así, pese al equilibrio general, quedó claro que Inoue estaba tomando ventaja en las tarjetas, ya que su presión inteligente resultaba más efectiva que la actitud demasiado prudente de Nakatani en el primer tercio del combate.
El retador empezó a soltarse a partir del quinto asalto, con un aumento del ritmo y una alternancia en el dominio. Sin embargo, el Monstruo frenó su impulso en la segunda mitad del sexto, haciéndole sentir la potencia de sus golpes.
El campeón unificado se apoyó sobre todo en golpes aislados, quizá por temor a los contragolpes, pero eso no le impidió hacer valer su reconocida potencia. Incluso su jab, en muchas ocasiones, bastaba para mover claramente la cabeza de Nakatani y mantenerlo alerta.
“Big Bang” entendió que debía cambiar el rumbo del combate para no quedarse con remordimientos y, tanto en el octavo como en el noveno asalto, protagonizó finales muy intensos en el último minuto, el que suele influir más en los jueces.
El mejor momento del retador llegó en un décimo asalto de gran nivel: Nakatani se desató, vaciando su arsenal ofensivo y llevándose claramente el round. El único punto negativo fue un feo corte junto al ojo izquierdo, producto de un choque accidental de cabezas.
Justo cuando parecía en dificultades, Naoya Inoue sacó su orgullo de campeón, frenando la remontada en su mejor momento. En el undécimo asalto, el Monstruo castigó a Nakatani con un espectacular uppercut y desde entonces lo presionó sin descanso hasta la campana.
En los últimos tres minutos, ambos púgiles parecían muy cansados. Nakatani mostraba los efectos del castigo y necesitaba recuperarse, mientras que Inoue incluso miró el cronómetro en un momento para comprobar cuánto faltaba. No hubo más sorpresas y la decisión quedó en manos de los jueces.
Las tarjetas leídas por Michael Buffer fueron justas y razonables. Una diferencia de entre dos y cuatro puntos refleja bien lo ocurrido sobre el ring.
Nakatani probablemente se quedará con el pesar de haber cedido demasiados asaltos al inicio, aunque un arranque más agresivo podría haber tenido consecuencias negativas frente al arsenal ofensivo de su rival. Su actuación fue, en cualquier caso, de alto nivel y justifica plenamente su sexto puesto en el ranking libra por libra de The Ring.
En cuanto a Inoue, la sensación vista en sus últimos combates, de haber perdido algo respecto a su mejor versión, volvió a aparecer. Aunque sigue teniendo recursos extraordinarios, el Monstruo ahora maneja un ritmo más bajo, lanza menos combinaciones y a veces se ve obligado a retroceder. También es cierto que enfrente tenía a un rival excelente, probablemente el mejor de su carrera.
¿Qué le queda por demostrar al fenómeno japonés antes de retirarse? En realidad, no mucho. Inoue podría colgar los guantes hoy mismo y ser recordado como uno de los mejores de todos los tiempos. Como no es su intención, hay dos caminos que resultan especialmente atractivos para los aficionados.
El primero sería subir al peso pluma en busca de nuevos logros; el segundo, esperar a Jesse “Bam” Rodríguez, que está ascendiendo de categoría y parece dispuesto a desafiarlo. En ambos casos, el espectáculo está garantizado.
