Ganar es sin duda el objetivo principal de todo boxeador. Pero solo aquellos que ganan transmitiendo emociones logran crear recuerdos imborrables que, incluso muchos años después, siguen poniendo la piel de gallina a los aficionados al boxeo. Entre nuestros campeones del mundo, el romañolo Loris Stecca fue uno de los que más se ganaron el amor visceral del público, haciéndolos saltar de sus asientos durante sus combates y regalándoles momentos de pura tensión gracias a un estilo combativo y a un coraje indomable.
Extremadamente prometedor y exitoso desde su etapa amateur, que cerró con 57 victorias en 60 combates, Loris encontró en el profesionalismo su consagración definitiva. En el boxeo sin camiseta, su talento y, en particular, su extraordinario repertorio ofensivo, enriquecido por una notable variedad de golpes y soluciones, le permitieron alcanzar uno tras otro todos los grandes objetivos a los que puede aspirar un boxeador, desde el título italiano y europeo del peso pluma hasta el mundial del supergallo.
El triunfo mundial, logrado ante un Palasport de San Siro enloquecido, fue el punto culminante de la historia deportiva de Stecca y sigue siendo hoy uno de los combates más emocionantes jamás disputados por un boxeador italiano. La rendición del dominicano Leonardo Cruz, que cayó bajo los golpes de un Loris desatado tras doce asaltos a un ritmo frenético, representó el punto más alto de la trayectoria de nuestro campeón, destinado poco después a sufrir duros reveses, dentro y fuera del ring.
Desde las derrotas rocambolescas frente al puertorriqueño Victor Callejas, hasta el grave accidente que puso fin a su carrera, pasando por los errores trágicos que Loris reconoce haber cometido y por los que ha pagado las consecuencias, el campeón de Santarcangelo di Romagna ha vivido periodos difíciles y tormentosos. Hoy, a sus 66 años recién cumplidos, ve cerca el logro de su serenidad.
Hablamos de todo esto con el propio Loris Stecca, repasando las épicas batallas que lo tuvieron como protagonista sobre el ring.
Tus primeros éxitos como profesional estuvieron ligados al título italiano. Tus combates con Marco Gallo, Pasquale Mazza y Salvatore Melluzzo permitieron a un público cada vez más amplio conocer tus cualidades. ¿A cuál de estos combates por el título italiano estás más ligado?
Estoy ligado a Pasquale Mazza por motivos de amistad, pero entre esos tres combates quizá el de Melluzzo fue el más duro, también porque era el rival con mejor valoración. Éramos del mismo equipo y también había una rivalidad porque yo era la estrella emergente mientras él era el campeón consolidado en ese momento. Nunca subestimé a nadie, pero sabía e imaginaba que podía ganarle. Fue un combate exigente, porque era un buen boxeador; a sus aficionados les costó aceptar la derrota, pero le rompí los arcos superciliares golpeándolo duro varias veces. Por duro que fuera el combate, aquella noche nunca habría podido ganarme, porque en ese momento nada podía detenerme.
La conquista del título europeo ante el galés Steve Sims resultó, paradójicamente, menos complicada que la primera defensa frente a tu paisano Valerio Nati. ¿Qué importancia tuvo ese hermoso derbi para la carrera de ambos?
Entre Nati y yo había un gran respeto, pero éramos, por así decirlo, “dos gallos en un mismo gallinero”: dos campeones, ambos en Romaña, y existía una sana rivalidad deportiva. Cuando me propusieron ese combate respondí: “¡Claro! ¡Con mucho gusto!” porque sabía que para alcanzar mis objetivos tenía que vencer a Nati, no podía rechazarlo. Por otro lado, para él también fue una plataforma de lanzamiento, y aunque perdió, porque esos dos o tres puntos a mi favor eran totalmente justos, vio crecer su cotización. De hecho, cuando dejé el título europeo, fue él quien fue llamado para disputarlo. En cierto modo, fui más útil yo para él que él para mí.
En el magnífico mundial WBA que disputaste y ganaste ante Leonardo Cruz, vimos a un Loris Stecca diferente al de tus combates europeos: menos saltarín, más decidido a tomar el centro del ring. ¿Fue una transformación preparada en el gimnasio?
No, ningún boxeador decide de antemano qué tipo de combate hacer. Una vez que estás formado de cierta manera, actúas por instinto. Claro, en el gimnasio uno puede decir “tengo que boxear suelto” y cosas así, pero en el ring es otra historia. Ninguno de mis combates fue preparado para desarrollarse exactamente de esa manera: cada uno salió “a su manera”, y por eso todos fueron diferentes. No tenía un único estilo, hacía lo que me salía de forma natural. Por ejemplo, contra Steve Sims hice un tipo de combate que nunca había hecho en mi vida: yo, que siempre había sido un agresor, fui hacia atrás, esquivando y contraatacando. Me dejaba guiar por el instinto, así es como actúan los campeones.
Las imágenes de aquella noche épica para el boxeo italiano son ya imborrables. Cruz dándose la vuelta, exhausto por tus golpes, Rino Tommasi entusiasmado en la narración, tú llevado en triunfo por tu equipo: en cuestión de segundos, el boxeo italiano vivió una euforia increíble, pero ¿qué significó para ti aquella extraordinaria victoria?
El combate con Cruz fue la apoteosis de mi carrera, no solo porque se trataba del título mundial, sino también porque el rival era válido, un hombre con experiencia que ya había disputado mundiales. Pero yo en mi carrera siempre me enfrenté a todos, en Italia y en el extranjero. Hoy me da risa cuando escucho que boxeadores que solo han ganado un título intercontinental son celebrados como si fueran campeones del mundo, mientras que yo, que fui el primer italiano en ganar el mundial del supergallo y el más joven italiano de la historia en lograr un título mundial, muchas veces ni siquiera aparezco en los rankings, quizá porque siempre he dicho las cosas a la cara.
Solo tres meses después de tu triunfo sobre Cruz, una cláusula contractual te obligó a defender el título contra Victor Callejas en Puerto Rico, y en esa ocasión sufriste tu primera derrota como profesional. ¿Qué te llevó a pedir la revancha contra el temible pegador caribeño por el título WBA en lugar de buscar el cinturón de otra organización?
Sobre mi defensa en Puerto Rico contra Callejas habría una historia larguísima, de la que se ha hablado en internet, pero no quiero poner excusas: Callejas es el único hombre que me ha vencido y era un gran campeón. Tiempo después de aquella primera derrota, Branchini, delante de Elio Ghelfi, que era mi entrenador, me dijo: “Loris, tengo dos mundiales: la revancha con Callejas o el mundial WBC contra Juan ‘Kid’ Meza”. Como yo quería conquistar también el cinturón WBC, quería enfrentarme a Meza: lo habría destrozado. No digo que hubiera sido fácil, pero le habría ganado. Pero Ghelfi, con quien siempre tuve una relación muy bonita, también en lo personal, me dijo: “Yo haría la revancha con Callejas, porque si volvemos a perder significará que es nuestra bestia negra y entonces tomaremos otro camino”. De ahí nació la decisión de la revancha con el puertorriqueño, también porque yo estaba convencido de ser más fuerte que él.
A tantos años de distancia, ¿tienes algún arrepentimiento respecto a aquella famosa revancha en Rimini? ¿O crees que Callejas era simplemente el rival equivocado para tus características?
Me gustaría que se explicara bien lo que pasó en Rimini cuando hice la revancha. El gancho de izquierda que me hizo tambalear en el primer asalto me fracturó la mandíbula. Además, Callejas me dio un codazo que me abrió la ceja, pero seguí adelante a pesar de todo. Al final del tercer asalto, después de que yo lo hiciera tambalear contra las cuerdas, él no quería continuar, pero en ese momento se fue la luz. Muy pocos han hablado de esto. El apagón le permitió descansar unos minutos, ¡pero él ya se había retirado! Fue su mánager, Pepito Cordero, quien lo empujó de nuevo al ring tirándolo del pantalón y gritando “¡Hijo de puta!”. Todo esto lo admitió el propio Callejas cuando vino a visitarme a Rimini veinte años después, y hicimos una gran cena con la presencia de Canale 5 en el restaurante Molo 22. Luego, cuando me golpeó en el sexto asalto, me destrozó completamente y ya no hubo nada que hacer.
Después de colgar los guantes, tu vida ha sido bastante complicada, como tú mismo has contado en tu autobiografía “No mas – La mia vita”, publicada en colaboración con Fabio De Santis. Tras tantas vicisitudes y errores que has reconocido, ¿podemos decir que Loris Stecca, con 66 años recién cumplidos, ha encontrado por fin su serenidad?
Todavía la estoy buscando, pero casi la he encontrado [ríe]. He entendido que vivimos en una sociedad injusta, pero estoy aprendiendo a tomarme la vida con más benevolencia. Como siempre he dicho, en el pasado cometí errores, pero también muchos otros se equivocaron.
En ese caso, te deseamos de corazón que encuentres la serenidad lo antes posible y te enviamos nuestros más sinceros deseos de feliz cumpleaños.
¡Muchísimas gracias y os mando un abrazo!
