El boxeo internacional se parece cada vez más a una película de comedia disparatada. El derbi británico de los pesos pesados entre Anthony Joshua y Tyson Fury, finalmente oficializado hace dos días con años de retraso respecto al momento en el que habría sido deseable verlo, ya corre el riesgo de no celebrarse.
Por lo que parece razonable reconstruir a partir de las noticias fragmentarias y, en ocasiones, contradictorias que están circulando por internet, el problema fundamental en torno al cual gira la última de las innumerables polémicas que han caracterizado la organización del combate tiene que ver con la posible participación de Dana White entre los promotores del evento.
El jefe de la UFC, que está intentando abrirse camino en el mundo del boxeo y que querría hacer borrón y cuenta nueva con los promotores y las organizaciones existentes, presionó con enorme fuerza durante los últimos meses para trasladar el escenario del combate del Reino Unido a Nueva York. Sin embargo, salió derrotado de esa disputa debido a la firme oposición de Eddie Hearn y Anthony Joshua, decididos a imponer un escenario británico.
White, no obstante, no ha dejado de luchar por desempeñar igualmente un papel protagonista, y los primeros anuncios publicitarios difundidos por Netflix parecían confirmar una victoria suya en este sentido, puesto que lo incluyeron entre los promotores. Eddie Hearn pasó inmediatamente al contraataque, publicando un vídeo en el que, dirigiéndose a su rival con palabras muy poco amistosas, subrayó que la exclusión tajante de White figura expresamente por escrito en los contratos y que, evidentemente, Netflix no había sido informado de cómo están realmente las cosas.
A partir de ahí se produjo un efecto dominó. El periodista estadounidense de The Ring Mike Coppinger, conocido por su estrecha sintonía con el dirigente saudí Turki Alalshikh, a quien rara vez pierde la ocasión de elogiar de manera descarada y a menudo poco digna, comenzó a sostener que el combate corre el riesgo de cancelarse y que podría ser sustituido por otros enfrentamientos.
Lo que hace que toda la situación resulte todavía más surrealista son los emparejamientos alternativos planteados por Coppinger: Crawford vs Garcia, Benavidez vs Fury y Opetaia vs Wilder. Combates tan extraños que parecen completamente inventados, una impresión reforzada por la reacción del propio Terence Crawford, quien preguntó públicamente a Coppinger dónde había escuchado semejantes informaciones, añadiendo que él no sabía absolutamente nada al respecto.
Mientras tanto, Turki Alalshikh se ha limitado a publicar en sus perfiles de redes sociales una fotografía en la que aparece junto a Dana White y Nick Khan, los máximos responsables de TKO Promotions, como si quisiera subrayar su intención de respaldar al promotor estadounidense en la batalla que se está librando en estas horas. En la misma línea se encuentra Tyson Fury, que está atacando frontalmente a Hearn y Joshua, acusándolos de querer retirarse del combate y apoyando explícitamente a White y su participación.
La impresión de quien escribe estas líneas es que lo que está ocurriendo constituye un intento desesperado de presionar a Eddie Hearn para que renuncie a algunas de las cláusulas del contrato ya firmado, amenazándolo con hacer saltar por los aires todo el acuerdo y señalarlo como culpable en caso de que se niegue. Todo ello con la ayuda de medios complacientes, utilizados como brazo armado para arrinconar al jefe de Matchroom Boxing.
Habrá que ver ahora cuáles serán los próximos acontecimientos. Habrá que prestar especial atención a la reacción de Netflix, que se arriesga a sufrir un clamoroso efecto bumerán en términos de imagen si el combate, ya anunciado a bombo y platillo, termina finalmente por no celebrarse.
