El pasado sábado, el excampeón mundial de los pesos pesados Anthony Joshua estuvo muy cerca de sufrir una derrota sorprendente. Después de ser derribado dos veces por el albanés Kristian Prenga en el asalto inicial, Joshua logró darle la vuelta al combate en el segundo round y se impuso por KO. El cambio radical de actitud de Prenga, que en el segundo asalto pareció dubitativo y demasiado pasivo, llevó a muchos aficionados a plantear teorías de conspiración sobre la dinámica del combate, hasta el punto de que Keith Sullivan, mánager de Prenga, decidió pronunciarse al respecto.
Sullivan explicó que el boxeador albanés se puso enfermo durante la preparación, hasta el punto de permanecer en cama durante ocho días cuando faltaban tres semanas para el combate. Según él, este contratiempo tuvo un impacto crucial en lo ocurrido en el Jeddah Superdome. Estas fueron las declaraciones del mánager estadounidense a TalkSport:
Hubo dos teorías de conspiración. Una de ellas decía que Turki [Alalshikh] había venido a nuestro rincón. Turki ni siquiera estaba en Jeddah, así que eso nunca ocurrió. Esa teoría queda descartada, hay que olvidarla.
La otra teoría decía que alguien de Sela o de Matchroom había venido y había susurrado algo en nuestro rincón. Miren las imágenes: eso nunca sucedió.
En el primer asalto, Kristian simplemente se quedó sin gasolina. Las instrucciones que le dimos en el rincón para el segundo round fueron: ‘Sigue haciendo lo que estás haciendo, mantén la presión, sigue trabajando con el jab y, cuando tengas la oportunidad, aprovéchala’.
Kristian se levantó del taburete para comenzar el segundo asalto y, cuando sonó la campana, me dijo que sintió como si hubiera vuelto a aquella cama de hospital en la que había estado durante ocho días [antes del combate], cuando jadeaba buscando aire y no tenía energía.
Se quedó sorprendido por lo que le ocurrió, en un instante. Me dijo que todo volvió de golpe a su mente: la falta de entrenamiento, el trabajo cardiovascular que no había podido realizar durante las tres semanas previas al combate. Todo eso le golpeó justo en ese momento.
Así que, en su cabeza, cambió el plan de combate respecto a lo que le habíamos indicado. Se dijo a sí mismo: ‘Tengo la clave de AJ, lo he derribado tres veces’. No me importa lo que diga la gente: para mí fueron tres caídas. Las cuerdas lo mantuvieron en pie, absolutamente, entre los dos derribos que sí fueron contabilizados oficialmente.
En ese momento Kristian pensó: ‘Ya sé cómo golpearlo. Puedo derribarlo cuando quiera. Voy a conservar algo de energía, mantenerme a distancia y retroceder un poco’. Y ahí es donde entraron en juego el talento y las habilidades de AJ. Esa pequeña, pequeñísima grieta en la puerta fue todo lo que Joshua necesitaba para abrirla de par en par y tomar completamente el control del combate.
Eso fue lo que ocurrió. Kristian me dijo que, una vez que AJ empezó a trabajar con el jab y él comenzó a sentir su potencia, se volvió difícil aplicar el plan de combate que había ideado para sí mismo. Y entonces todos vimos lo que pasó.
No estoy poniendo excusas. Creo que fueron los cinco minutos y medio de boxeo más emocionantes que he visto en muchísimo tiempo. Creo que Eddie Hearn ganó unas cuantas canas sentado en primera fila, y supongo que la gente de Matchroom probablemente todavía tenga indigestión a día de hoy. Pero eso es lo que ocurrió: Kristian todavía estaba sufriendo los efectos de una preparación insuficiente y de la enfermedad. Él creía que podía acabar con AJ en cualquier momento.
Levantó el pie del acelerador y le concedió esa oportunidad a Joshua. Y AJ simplemente hizo lo que hacen los boxeadores de gran talento, alto nivel técnico y enorme experiencia.
