Un combate ordinario de un profesional debutante, disputado a la distancia de seis asaltos, no es un evento destinado a ser noticia. Y así, una injusticia profunda y clamorosa corre el riesgo de pasar desapercibida, sin repercusiones ni consecuencias para los responsables. Quien paga las consecuencias es solo el chico que la ha sufrido, cuyos sacrificios y sueños han sido mortificados por jueces incompetentes. Es por este motivo que he decidido dedicar un artículo al peso wélter Ali Marcel Valdevit.
El joven de 27 años es pupilo del ex campeón del mundo Massimiliano Duran, se entrena en Ferrara y hace tres días vivió la gran emoción de su debut en el boxeo profesional, una emoción lamentablemente arruinada por un desenlace sin sentido.
Su rival, para su ingreso en el boxeo de primera categoría, fue el romano Cristian Sabbatini, zurdo, con discreta potencia y amante del intercambio en corta distancia, con un récord de dos victorias y una derrota. El contexto era el Memorial Duran, el evento dedicado a la memoria del gran boxeador Juan Carlos Duran, cuyos hijos, Massimiliano y Alessandro, han continuado la tradición familiar cubriéndose de gloria sobre el ring.
No fue un inicio fácil para Valdevit, porque Sabbatini, con su agresividad y su garra, le hizo probar de inmediato el sabor áspero del boxeo profesional. El primer asalto, en el que el púgil local fue arrinconado contra las cuerdas en más de una ocasión, sirvió sin embargo como llamada de atención, encendiendo en el “debutante” la chispa de la reacción.
A partir del segundo asalto, todo cambió. Valdevit aprendió la lección, dejó atrás la tensión del debut e interpretó el combate de manera magnífica, haciendo valer sus mejores cualidades y anulando las de su rival.
El pupilo de Duran se movió con agilidad sobre las piernas, no dio blanco fijo, absorbió con los guantes la mayor parte de los ganchos amplios de su adversario y respondió con golpes secos, precisos y rápidos.
Sabbatini nunca se rindió, pero al verse superado en el plano técnico, en la reactividad y en el control de la distancia, no pudo hacer otra cosa que apoyarse en el aspecto físico y tratar de arrastrar a su rival al intercambio. Intentos infructuosos: Valdevit no cayó en la trampa y el ímpetu de Sabbatini solo le valió un punto de penalización por parte del árbitro.
Asalto tras asalto, la superioridad del púgil local pareció cada vez más clara e incuestionable y, al sonar la campana final, los espectadores del Palapalestre esperaban la lectura del veredicto oficial convencidos de que se trataba de una mera formalidad y de que en breve el brazo de Ali Marcel sería levantado.
La sorpresa, cuando Valdevit fue declarado perdedor, pareció reflejarse incluso en el rostro del propio Cristian Sabbatini, quien levantó el brazo de su rival y se dirigió a él juntando las manos, como si quisiera pedirle disculpas por la injusticia sufrida.
Quienes me conocen saben que normalmente soy extremadamente prudente al hablar de “robos” cuando se trata de veredictos en el boxeo. Siempre he sostenido que la valoración de un combate está marcada por una inevitable dosis de subjetividad y que es incorrecto clamar escándalo cada vez que los jueces no confirman nuestra impresión.
Pero esta vez hemos ido mucho más allá de una simple diferencia de criterios. Personalmente, teniendo en cuenta la penalización oficial, tenía a Valdevit con cinco puntos de ventaja. Por temor a haberme equivocado, me confronté con varias personas de probada competencia que estaban presentes en el lugar, quienes confirmaron la validez de mi juicio.
Ante un veredicto tan desconcertante, surge espontáneamente preguntarse si habrá consecuencias, si alguien asumirá la responsabilidad del error, si se tomarán medidas para que situaciones de este tipo no vuelvan a ocurrir o al menos se vuelvan menos frecuentes. Con el fin de dar respuesta a estas preguntas, contacté con el consejero federal de la FPI Andrea Locatelli, responsable del sector profesional, quien amablemente aceptó abordar el tema.
Locatelli no vio el combate, pero reconoció haber recibido numerosas notificaciones sobre lo ocurrido y haber sabido que el CESAG (Comisión Ejecutiva del Sector Árbitros y Jueces) ya se ha activado para adquirir y examinar las imágenes del combate. También añadió que está firmemente convencido de la buena fe de los jueces, pero igualmente persuadido de que a veces, aun en ausencia de “dolo”, puede haber “culpa”. El consejero federal admitió que existen márgenes de mejora para elevar la calidad y la veracidad de los veredictos y prometió que trabajará para que la FPI emprenda iniciativas eficaces en ese sentido.
Por sugerencia del propio Locatelli, también contacté con Enrico Apa, coordinador del CESAG, pidiéndole una opinión sobre lo sucedido el sábado y aclaraciones sobre las medidas que se tomarán al respecto.
Apa no rehuyó el diálogo y quiso en primer lugar aclarar algunos aspectos cruciales del reglamento. Los veredictos, en lo que respecta a la atribución subjetiva de los asaltos por parte de los jueces, no son en modo alguno modificables a posteriori.
En este momento es imposible revertir un resultado incluso en presencia de “error técnico”, es decir, cuando se demuestra que el árbitro o uno de los jueces ha infringido las reglas. En tal caso, la comisión puede imponer el “No Contest”, pero no puede otorgar la victoria al púgil injustamente derrotado.
Establecido por tanto que la victoria de Sabbatini sobre Valdevit permanecerá en los récords de ambos boxeadores, Apa añadió que el CESAG realiza un trabajo constante de evaluación sobre la actuación de árbitros y jueces y que tiene potestad sancionadora contra quienes protagonizan actuaciones inadecuadas o insuficientes. Hablamos naturalmente de sanciones de carácter disciplinario: quien se equivoca puede ser reasignado a combates de menor nivel o incluso suspendido, según la gravedad del error.
Un trabajo que se lleva a cabo entre bastidores, semana tras semana, sin que gran parte del público sea consciente de ello. Un trabajo enorme, dada la cantidad de material que, tras cada fin de semana, entre boxeo amateur y profesional, llega a la comisión.
Enrico Apa, a quien agradezco la franqueza de la conversación, me aseguró que el combate entre Valdevit y Sabbatini, debido al revuelo generado y a la multitud de informes recibidos, ha sido considerado de máxima prioridad y que el vídeo será examinado lo antes posible por la comisión.
Nosotros, en Boxe Punch, esperamos que así sea, y esperamos aún más que Valdevit no se deje desanimar por lo ocurrido y que regrese al gimnasio con más hambre que antes. El chico ha mostrado buenas cualidades técnicas y temperamentales y tiene todas las condiciones para construir una carrera profesional interesante.
Cualquiera que haya visto su debut sabe bien que, por mucho que las estadísticas oficiales digan lo contrario, su verdadero récord debería ser hoy 1-0. Nuestro consejo a Ali Marcel es, por tanto, que no se rinda y que lo intente de nuevo, con la esperanza de recibir un trato más justo la próxima vez que suba al ring.
