El 4 de abril de 1961 nació Ray Mercer, destinado a convertirse en un peso pesado temido y peligroso, capaz de darse numerosas satisfacciones y de poner en apuros a algunos de los más grandes exponentes de su época. Desde la medalla de oro olímpica en Seúl ’88 hasta los impresionantes nocauts sobre Francesco Damiani y Tommy Morrison, pasando por ajustadas derrotas ante leyendas como Evander Holyfield y Lennox Lewis, el coloso estadounidense se ganó sobre el ring el apodo de “Merciless” (“Implacable”). A frenar su camino hacia la gloria, sin embargo, contribuyeron algunas carencias de carácter y técnica que lo llevaron a alternar sus mejores actuaciones con otras decepcionantes y grises. En el día en que Mercer cumple 64 años, repasamos las etapas fundamentales de su fascinante carrera.
De unos Juegos Olímpicos arrolladores al título mundial
Llegado a los Juegos Olímpicos de Seúl como el integrante de mayor edad del equipo estadounidense, con 27 años, Mercer protagonizó un recorrido sencillamente arrollador, mandando a la lona a un rival tras otro. Entre sus víctimas también estuvo nuestro Luigi Gaudiano, derribado y declarado fuera de combate por el árbitro durante el primer asalto de los cuartos de final. Un destino similar aguardaba al atleta local, el coreano Baik Hyun-Man, quien había llegado a la final eliminando a púgiles de la talla de Zeljko Mavrovic y Andrew Golota, pero sucumbió en poco tiempo bajo los golpes de “Merciless”. Este último se apresuró a pasar al profesionalismo tras el triunfo en Corea y, tras dieciséis victorias consecutivas, obtuvo su primera oportunidad por el cinturón de la WBO. Aunque llegaba con un historial impecable, Mercer ya había dejado entrever algunas debilidades en su apretado triunfo sobre el veterano Ossie Ocasio, a quien logró dominar solo por decisión dividida. El puertorriqueño, boxeador rápido y escurridizo pero sin pegada ni físico, le había mostrado a Francesco Damiani —entonces campeón mundial— el camino para poner en aprietos al temible “Merciless”…
De Damiani a Morrison: Mercer no da respiro
Durante un buen número de asaltos, nuestro representante hizo exactamente lo que debía para desactivar al peligroso rival. Damiani entraba y salía del radio de acción del oponente con buen tiempo y velocidad, lanzando combinaciones variadas de tres o cuatro golpes, más apreciadas por los jueces que los aislados zarpazos de un Mercer confundido y aparentemente falto de recursos. El estadounidense, sin embargo, mantenía intacto su poder ofensivo y, apenas bajó el ritmo y la claridad mental del peso pesado italiano, llegó el castigo: en el noveno asalto, un inesperado uppercut con trayectoria inusual rompió la nariz de Damiani, obligándolo a caer a la lona para una cuenta definitiva, cuando el italiano iba en ventaja en las tres tarjetas.
Esperando al vencedor estaba el invicto Tommy Morrison, famoso por haber interpretado al antagonista en la película Rocky V y adorado por los fanáticos por su estilo espectacular y sus numerosos nocauts. Pero a Mercer le bastaron solo cinco asaltos para aprovechar un error defensivo de “The Duke” y castigarlo con una combinación devastadora que lo dejó tendido en la lona, sin sentido.
El hechizo se rompe: los tropiezos ante Holmes y Ferguson
En aquel entonces, la WBO gozaba de menos prestigio que las otras organizaciones mundiales, por lo que Mercer dejó vacante el cinturón tras una sola defensa para perseguir oportunidades aún más atractivas, lo que lo llevó a chocar con el fuera de serie Larry Holmes, quien con sus 42 años ya era considerado en franco declive. Aunque logró sacudir al viejo Larry con un violento zurdazo en el primer asalto, Mercer vivió una auténtica noche negra, sin encontrar soluciones ante el jab constante de un Holmes en gran forma, que incluso se dio el lujo de gritarle a la cámara, durante un clinch: “¡Yo no soy Tommy Morrison!” Probablemente desmotivado por la derrota, Merciless descuidó los entrenamientos y subió de peso, presentándose en febrero de 1993 al combate contra el poco valorado Jesse Ferguson en pésimas condiciones físicas. Aquel combate, que Mercer perdió por decisión a los puntos para sorpresa de muchos expertos, estuvo además rodeado por un verdadero misterio: Ferguson declaró que su rival le había ofrecido en varias ocasiones, durante la pelea, 100 mil dólares para dejarse ganar, pero la acusación, al no contar con pruebas verificables, quedó en nada.
Derrotas honorables ante Holyfield y Lewis
La espiral negativa en la que Ray Mercer se estaba hundiendo parecía parte de un proceso irreversible, impresión reforzada por el decepcionante empate en diez asaltos frente al mediocre Marion Wilson. Pero cuando los boxeadores de primer nivel comenzaron a ver a Mercer como un nombre útil para engrosar su palmarés sin correr demasiados riesgos, el orgullo y la motivación del estadounidense resurgieron, empujándolo a recuperar la forma y el peligro de antaño. El primero en darse cuenta fue Evander Holyfield, que buscaba redimirse tras haber perdido sorpresivamente el título mundial contra Michael Moorer: The Real Deal se vio seriamente exigido por Mercer en un combate que durante siete asaltos estuvo igualado y que se inclinó del lado de Holyfield solo después de una caída a su favor que le dio el empuje necesario para llevarse los últimos rounds. Aún mejor fue la actuación de Mercer ante Lennox Lewis, recién incorporado al equipo del legendario entrenador Emanuel Steward. El fortísimo británico cometió el error de intercambiar golpes cara a cara, una estrategia que sacó a relucir lo mejor de Merciless y disimuló sus defectos, tanto que el combate se resolvió con una ajustadísima decisión dividida a favor de Lewis.
El lento declive y las incursiones en la jaula
Tras la buena actuación contra Lewis llegó una victoria sobre Tim Witherspoon, pero a partir de ese momento, y con 14 meses de inactividad en el medio, la carrera de Ray Mercer no volvió a ofrecer grandes emociones. Su mandíbula de granito, que en años anteriores le había permitido absorber golpes brutalmente potentes, empezó a dar menos garantías y así un Merciless cada vez menos implacable sufrió dos duras derrotas por KO ante Wladimir Klitschko y Shannon Briggs, encaminándose lentamente hacia el retiro, al que no se decidió antes de haber cumplido 47 años. A medida que sus ambiciones como boxeador se iban diluyendo en un callejón sin salida, el estadounidense buscó gloria también en otras disciplinas de combate, perdiendo estrepitosamente dos peleas de kickboxing y siendo fácilmente superado por el célebre Kimbo Slice en un combate disputado bajo las reglas de las MMA. No obstante, Merciless conservaba en su interior la energía para un último y clamoroso golpe de efecto, y logró sacarlo en el momento más imprevisible: a los 48 años, y tras haber colgado los guantes como boxeador, enfrentó en la jaula al excampeón mundial de peso pesado de la UFC Tim Sylvia y lo noqueó brutalmente con un único derechazo al mentón. La última emoción de un boxeador sin adornos que nos hizo disfrutar de verdad.