Cinco motivos por los que el proyecto de Zuffa Boxing fracasará miserablemente

Ocho categorías de peso en lugar de diecisiete, un único campeón del mundo en vez de cuatro, los mejores boxeadores puestos en condiciones de enfrentarse entre sí sin verse obstaculizados por derechos televisivos, disputas entre promotores rivales ni reglas abstrusas impuestas por las distintas organizaciones. El ambicioso objetivo de Zuffa Boxing y de sus fundadores, Dana White y Turki Alalshikh, de revolucionar el boxeo despierta la imaginación y las esperanzas de muchos aficionados al Noble Arte. Sin embargo, desde el punto de vista de quien escribe, está destinado a fracasar miserablemente. En este artículo explicaré los cinco motivos principales que me llevan a pensarlo.

1) Los notables sesgos de White y Alalshikh

Como funcionario gubernamental de un país dictatorial, Turki Alalshikh no está acostumbrado a lidiar con el disenso. En el mundo en el que creció y adquirió poder, quien se opone a la voluntad del líder es fácilmente neutralizado, por las buenas o por las malas.

Su convicción de poder actuar sin trabas se ha visto reforzada por estos primeros años de inversiones masivas en el mundo del boxeo, ya que casi todos —promotores, boxeadores, periodistas— le han tendido una alfombra roja, teniendo todo que ganar y nada que perder al darle la bienvenida y beneficiarse de sus recursos.

Dana White, por motivos distintos, también está profundamente condicionado en su forma de pensar por su pasado. En su caso, lo que corre el riesgo de desviarlo es la gran experiencia de éxito acumulada en el mundo de las artes marciales mixtas.

Al haber logrado monopolizar ese mundo con la UFC, White está convencido de que puede hacer lo mismo con el boxeo adoptando estrategias similares. Él mismo lo dijo: “Si funciona para la UFC, sin duda debería funcionar para el boxeo”.

Tanto Alalshikh como White, por lo tanto, cometerán inevitablemente graves errores de evaluación y gestión, porque en esta aventura tendrán que enfrentarse a un entorno extremadamente distinto de aquel en el que hicieron fortuna.

2) El boxeo no es como las MMA

Afirmar, como hizo White, que lo que funciona para la UFC debería funcionar para el boxeo es un poco como decir que en Siberia se puede cultivar café solo porque allí se cultivan patatas. Aunque ambas disciplinas pertenecen al gran conjunto de los deportes de combate, el boxeo y las artes marciales mixtas presentan múltiples diferencias que hacen muy discutible la tesis de que puedan gestionarse del mismo modo.

Entre los diversos elementos que distinguen a las dos disciplinas, queremos subrayar en particular dos: el número de practicantes y la llamada “antigüedad” del deporte.

Según las estadísticas actualmente disponibles, el número de atletas profesionales dedicados al boxeo en todo el mundo es más del doble de los que practican artes marciales mixtas. Si incluimos también a los no profesionales, la diferencia se amplía aún más, alcanzando proporciones casi abismales.

Los atletas de MMA, además de ser mucho menos numerosos, se concentran en determinadas zonas geográficas con fuerte tradición, mientras que el boxeo se caracteriza por una difusión mucho más capilar, practicándose ya en casi todos los rincones del planeta.

En cuanto al factor “antigüedad”, cabe destacar que el boxeo, en su acepción moderna, tiene ya más de un siglo de historia, mientras que las estructuras, organizaciones y modelos de las MMA son mucho más recientes. No resulta sorprendente, por tanto, que Dana White haya logrado, con su UFC, barrer o absorber organismos preexistentes que carecían de las raíces y los anticuerpos necesarios para resistirle. Muy distinto es el panorama que encontrará en el boxeo, como explicaré en los dos puntos siguientes.

3) El atractivo histórico de las cuatro organizaciones

La más joven de las cuatro federaciones internacionales de boxeo universalmente reconocidas como capacitadas para otorgar un título mundial, la World Boxing Organization, fue fundada en 1988 y está próxima a cumplir cuarenta años. Las otras tres —la WBA, la WBC y la IBF— son aún más antiguas.

A lo largo de todo este tiempo, los cinturones otorgados por estas organizaciones han adquirido un prestigio y un reconocimiento global que no pueden borrarse de la noche a la mañana.

Cuando Turki Alalshikh dejó entrever los primeros detalles de la “revolución” que auspiciaba, varios campeones de la WBC expresaron públicamente su apego al cinturón que poseen. Es probable que esas manifestaciones de afecto hayan surgido de un “impulso” proveniente del propio Mauricio Sulaiman, pero también es probable que su orgullo al sostener un cinturón que lleva los rostros de Muhammad Ali y Joe Louis fuera absolutamente sincero.

Hoy en día, la gran mayoría de los atletas que practican boxeo competitivo sueñan con sostener en sus manos uno de los cuatro grandes cinturones mundiales. Muchos de ellos, sobre todo fuera de Estados Unidos, ni siquiera saben qué es el “título de The Ring” (que no se ofendan los redactores de la célebre revista estadounidense). En cuanto al recién creado cinturón de Zuffa Boxing, parece un juguete cuando se compara con aquellos que han pasado por las manos de campeones legendarios a lo largo de décadas de historia.

4) Los actuales dirigentes darán batalla

Como se mencionó en el punto 1, la llegada de Turki Alalshikh y de sus ingentes capitales al mundo del boxeo fue recibida con los brazos abiertos por casi todos los protagonistas de nuestro deporte. Pero cuando su poder e influencia se vean amenazados, pueden estar seguros de que darán batalla, y para hacerlo dispondrán de armas mucho más afiladas que aquellas que Dana White encontró en el ámbito de las MMA.

En el mundo imaginario prefigurado por los ideólogos de Zuffa Boxing, muchos de los promotores de fama mundial que hoy conocemos, junto con los dirigentes de las federaciones internacionales, deberían “desaparecer” de la escena o, en el mejor de los casos, aceptar un papel secundario en un proyecto monopolístico liderado por otros.

Su aversión a esta perspectiva ya es evidente en sus declaraciones públicas. Incluso Eddie Hearn, que había dicho estar dispuesto a limpiarle los zapatos a Alalshikh cuando le convenía adularlo, utiliza tonos muy distintos cuando se le pregunta por las ambiciones expansionistas de Zuffa Boxing.

Lo que hay que entender es que estas personas, hacia las cuales cada uno es libre de sentir lo que quiera, han tejido a lo largo de los años una red de relaciones tan densa, variada y sólida que pensar en cortarla de golpe con un par de tijeras bien afiladas es absolutamente irreal.

Intenten imaginar, por ejemplo, cuántos managers, matchmakers, boxeadores, entrenadores, promotores y patrocinadores se han relacionado con Mauricio Sulaiman en los últimos diez años. Piensen en cuántos de ellos, por una razón u otra, le deben su carrera, su éxito y su fortuna.

Ciertamente, podría afirmarse de manera cínica que “todo el mundo tiene un precio” y que con la oferta económica adecuada cualquier vínculo, ya sea afectivo o empresarial, puede romperse. Pero ¿cuántos recursos serían necesarios para ello? Esta pregunta nos conduce a nuestro quinto y último motivo.

5) El dinero saudí, tarde o temprano, se acabará

No es ningún secreto que los principales motivos que han llevado a Arabia Saudí a realizar inversiones masivas en el mundo del deporte son esencialmente dos.

Por un lado, está el llamado “sportswashing”, es decir, el intento de borrar, ante los ojos de los ciudadanos occidentales, la asociación entre el Estado saudí y las graves violaciones de derechos humanos que todavía se cometen allí. Por otro lado, está la aspiración, explícitamente declarada, de incrementar de manera significativa la llegada de turistas, también con el fin de reducir la dependencia de la economía nacional de la exportación de petróleo.

No es este el contexto adecuado para debatir si tal estrategia a largo plazo es inteligente (spoiler: no lo es). Lo que aquí nos interesa subrayar es que la hipótesis de que el gobierno de bin Salman, para alcanzar sus objetivos, tenga la intención de inyectar capitales infinitos en un segmento extremadamente pequeño del sector del entretenimiento como el boxeo parece sumamente implausible.

Recientemente se han visto señales clarísimas de una “racionalización” en la gestión de los fondos por parte del Estado saudí. Pensemos, por ejemplo, en el desplome del gasto en fichajes registrado en la Saudi Pro League en 2025 (caído un 50% respecto al año anterior) y en la introducción de nuevas reglas de sostenibilidad financiera para sus clubes.

Turki Alalshikh, hasta ahora, ha manejado y distribuido cifras faraónicas y se ha permitido el lujo de organizar múltiples eventos “con pérdidas”, ofreciendo a los boxeadores bolsas fuera de mercado y desentendiéndose de la afluencia de público (piénsese en el mundial de Canelo disputado en Arabia ante pocos espectadores aburridos).

Ahora la temporada de los “gastos desmedidos” podría estar llegando a su fin o, al menos, a una drástica reducción. La promesa de abolir el pay-per-view en el boxeo, hecha con gran pompa por el funcionario saudí y luego desmentida de forma clamorosa, parece sugerir que los cordones de la bolsa ya han sufrido el primer ajuste.

Ningún aval al sistema existente

Quien interprete este artículo como un aval al sistema que ha regido el boxeo internacional hasta hoy no podría estar más equivocado. Quien escribe ha expresado en numerosas ocasiones críticas feroces hacia algunos de los que actualmente llevan las riendas del Noble Arte y seguirá haciéndolo cada vez que lo merezcan.

Hay muchos aspectos del boxeo que funcionan mal y que requerirían revisiones, ajustes o, en algunos casos, transformaciones drásticas. Nosotros, en nuestra modestia, intentamos a veces hacer propuestas concretas, creíbles y constructivas sobre lo que podría hacerse, sin la ilusión de ser escuchados por quienes corresponda.

Sin embargo, el escaso aprecio por el estado actual de las cosas no nos llevará a dejarnos embaucar por cualquiera que llegue prometiendo salvar el boxeo como si poseyera una varita mágica.

Dana White seguramente podrá aportar algo a nuestro deporte. Probablemente firmará a algunos campeones de gran nivel, organizará eventos interesantes y dará de qué hablar. Competirá con promotores de larga trayectoria y, como ellos, encontrará éxitos y fracasos, como siempre ocurre en un mercado libre y competitivo.

Pero su arrogante ambición de transformar el boxeo en una nueva UFC, situándose en la cima de la pirámide y subordinando a todos los demás organismos bajo su mando, está destinada al fracaso. El tiempo dirá si tenemos razón.

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